Daisaku Ikeda

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La educación nos hace libres… A través de la educación, nos liberamos de la impotencia, del agobio que nos provoca la falta de confianza en nosotros mismos. Un individuo que ha dejado de dudar de sí, que ha aprendido a confiar en su propia persona, posee naturalmente la capacidad de creer en el potencial latente de los demás. La educación nos permite ver más allá de las diferencias superficiales y percibir la gran tierra, el gran mar de la vida que nos sustenta a todos” (Ikeda, 1997)

En su larga carrera, desde 1960, el filósofo japonés Daisaku Ikeda ha trabajado por la construcción de la paz en el mundo, el desarme nuclear y la educación. Según Ikeda, el propósito fundamental de la educación, así como de la vida, se puede expresar con la palabra “felicidad”. Esa visión fue el cimiento sobre el cual Tsunesaburo Makiguchi, padre de la educación Soka, desarrolló sus ideas pedagógicas que Daisaku Ikeda continúa difundiendo en nuestros días. En este movimiento pedagógico y cultural, la palabra felicidad implica un sentido de plenitud que surge de desplegar nuestro potencial humano, y por lo tanto, no se refiere al logro de una condición superficial carente de problemas o a la realización de todos los deseos. Por tanto, la filosofía educacional de Ikeda tiene como objetivo el fortalecimiento de este potencial humano para que cada individuo disfrute de una vida auténticamente feliz y creativa donde el empoderamiento representa un valor fundamental para trabajar desde la educación.

Para Ikeda, el vínculo entre la educación y la paz es vital. Según sus palabras: “La responsabilidad esencial de la educación es forjar en la mente de los jóvenes el amor por la humanidad y el espíritu de dedicarse al bien de la gente y de la sociedad”. (Ikeda, 1994)[1]  Según Ikeda, la formación de las personas y la sociedad dependen de los valores que subyacen en la educación. El desarrollo de una sociedad más humana depende en gran medida de una orientación humanística en la educación, que guíe a los estudiantes hacia la riqueza interior de su propia vida y a la interdependencia con los demás y con el planeta. Por ello, Ikeda considera que la educación es crucial para el logro de la paz. Los esfuerzos que realiza en el ámbito educacional no se han limitado a las instituciones que ha fundado, sino que abarcan diversas actividades para promover la educación humanística a escala global, tales como los diálogos que mantiene con educadores y pensadores de todo el mundo y que muchos de ellos han sido publicados en diferentes idiomas. De este modo, su obra trata de explorar el significado de la vida humana que va unida a la construcción de una filosofía de vida, la moral y la manera en que educamos a las personas. En su obra, Daisaku Ikeda, buscando responder a esta pregunta, ha fundado universidades, escuelas de segunda enseñanza, escuelas de grado y centros culturales, ha publicado docenas de libros y ha mantenido cientos de diálogos en busca de la paz. Pero su labor va mucho más allá pues responde a la pregunta de lo que significa ser un ser humano. (Miller, 2002)